En nuestra práctica hemos visto el mismo error decenas de veces: empresas que arman un comité ejecutivo juntando a las personas más capaces, sin definir antes qué decisiones se toman ahí, con qué quórum y qué pasa cuando hay desacuerdo.
El resultado es siempre el mismo: reuniones largas, decisiones postergadas y un cuello de botella en el directorio. Diseñar un comité ejecutivo es 80% reglas de decisión y 20% personas.